La Peregrinación: signo peculiar del Año Santo de la Misericordia


Uno de los signos más característicos del Jubileo Extraordinario de la Misericordia es la peregrinación. Así lo subrayó el Papa Francisco en la Bula ‘Misericordiae Vultus' al convocar el Año Santo que inició el pasado 8 de diciembre:
"La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada".

Más adelante, también en la Bula convocatoria del Jubileo, el Papa se refiere a las etapas de la peregrinación mediante las cuales es posible alcanzar la meta, que el mismo Jesús indica desde las Sagradas Escrituras: "No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque seréis medidos con la medida que midáis" (Lc 6,37-38).Por eso una de las invitaciones que realiza el Sumo Pontífice para este tiempo jubilar es precisamente peregrinar a las catedrales y santuarios cuya meta es la Puerta Santa de la Misericordia: "También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros".
Al hablar sobre el llamado del Santo Padre en este Año Santo, en cuanto a la peregrinación, Mons. Liberio Andreatta, director de la Obra Romana de las Peregrinaciones (ORP), va más allá: "La peregrinación es entonces una metáfora de la vida, un camino, un recorrido interior, una decisión radical, el abandono de todos los lugares habituales, de todas las costumbres, una ruptura del flujo normal del tiempo, por lo tanto una ruptura irreversible (...) El peregrino anhela el lugar, la meta, pero no tiene prisa para llegar a él; para él el viaje no es un obstáculo, un impedimento (...) el verdadero significado de la vida".
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Monumento al peregrino, León, España / Foto: Gaudium Press - Sonia Trujillo.
"La peregrinación es, entonces, una ocasión privilegiada, para el hombre y para el cristiano, de ser capaces de ‘detenerse a lo largo del camino de la vida' para valorar el encuentro con el arte, con la historia, la cultura, la naturaleza, la religiosidad de un itinerario, pero sobre todo para el encuentro de sí mismo y con Dios", agrega el director de la ORP.
Sobre el tema también se refirieron meses atrás los Obispos del Camino Francés a Santiago de Compostela en la Carta Pastoral "El Camino de Santiago: búsqueda y encuentro". En ella los prelados señalan que "la peregrinación nos ayuda a volvernos más a Cristo, a seguir su camino, a acercarnos más a Él, interiorizar más el Reino de Dios. Pero es también figura de vida del creyente. Los cristianos somos peregrinos que ‘caminamos en la fe' al encuentro del Señor. Siempre con buen ánimo seguimos su camino hasta llegar a la patria deseada" (ver noticia anterior: "El Camino de Santiago: búsqueda y encuentro": Carta Pastoral de los Obispos del Camino Francés a Santiago).
Con información de ‘Misericordiae Vultus', "El Camino de Santiago: búsqueda y encuentro" y ORP.


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