Basílica y Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida


La Basílica de Nuestra Señora Aparecida es una basílica menor dedicada a la advocación de Nuestra Señora Aparecida, la patrona de Brasil. Se halla en la ciudad de Aparecida, en el estado de São Paulo, al suroeste de Brasil.

La historia de la ciudad empieza en 1717, cuando el gobernador de la capitanía de São Paulo, don Pedro de Almeida, pidió a los pescadores del lugar que obtuvieran la mayor cantidad de peces posible. Los pescadores, entre los que estaban Domingo Martins, Juan Alves y Felipe Pedroso, comenzaron a trabajar en el río Paraíba do Sul pero no consiguieron nada. Cerca de Itaguassú, sacaron de las aguas una figura de cerámica, cubierta de barro y sin cabeza. Al lanzar las redes de nuevo sacaron la cabeza y descubrieron que se trataba de la imagen de Nuestra Señora de la Concepción. Después de esto, obtuvieron gran cantidad de peces.

Felipe Pedroso guardó esta imagen en su casa. En 1733, regaló la imagen a su hijo Atanasio Pedroso. Éste hizo construir un oratorio y colocó la imagen de la Virgen sobre un altar. No tardó en correrse la voz los milagros que sucedían a quienes acudían a pedirle favores a la Virgen, por lo cual, José Alves, vicario de la parroquia de Guaratinguetá, mandó construir una capilla más grande en el Morro de los Coqueiros. El templo se inauguró el 26 de julio de 1745 bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida, este se amplió en 1852 y en 1888. En 1908 el templo fue elevado a la categoría de Basílica. En 1930 el Papa Pío XI declaró a Nuestra Señora Aparecida Patrona de Brasil. En 1946 se empezó a construir la actual Basílica y en 1980 fue consagrada por el Papa Juan Pablo II.
El 24 de julio de 2013, la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro, el Papa Francisco celebró una misa en esta Basílica, siendo la primera misa pública que celebraba en el continente americano desde su elección como Sumo Pontífice, en marzo de ese mismo año.

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